Como cualquier ciudad
nosotros también escondemos
turbios itinerarios, edificios ruinosos,
oscuras callejuelas de rencor o deseo,
arrabales de miedo o parques para el amor,
rincones en penumbra donde ocultar secretos,
plazas que nunca visitamos
y aburridos museos donde exponer recuerdos
que a nadie le interesan.
A nosotros
también nos habitan ciudadanos terribles:
funcionarios del tedio,
mensajeros en moto llevándose muy lejos
el paquetito-con primoroso lazo-
de los remordimientos.
Viajeros que nos cruzan
con sus maletas camino de otros cuerpos
y sobre todo
transeúntes ajenos a nuestra propia voluntad,
incívicos y tercos;
tienen nombres ridículos
como los sentimientos amor, rencor o miedo
y especulan -como vulgares comerciantes-
con el precio
por metro cuadrado de nuestro corazón.
Silvia Ugidos. Las pruebas del delito. Ed.DVD poesía
Qué bonito Pilar!!!! muaaaaaaasssssssssss
ResponderEliminarYa sabía yo, Odixea, que este poema te gustaría. A ver si te animas a escribir tú también.Que para eso eres escritora, y desde niña...
ResponderEliminarun besino