que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.
Luis Rosales
¡Qué alegría me ha dado ver a mi querida Rocío entre los seguidores de mi blog! Gracias, Rocío, ya te dedicaré una entrada como es debido.
ResponderEliminarNos vemos en el Hostal Castilla. El mejor alojamiento en Madrid. Con diferencia.
que boniiiiitooo!!!
ResponderEliminarGracias, Joan. Este poema suele gustarle a todo el mundo. Si lo lees en voz alta, se aprecia su belleza
ResponderEliminarMe gustó especialmente este poema (lo leí en alto!). Buscaré más sobre Luis Rosales 😊
ResponderEliminarEs que es un poema para leerlo en alto.
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