miércoles, 28 de diciembre de 2016

NUNCA ES TARDE




Durante años estuvo visitando el mismo prostíbulo para ver a una pelirroja llamada Ickaterina Pewlowna. Si había otro que estuviese con ella, Baranowicz, amante paciente, la esperaba. La muchacha fue envejeciendo, se teñía el pelo plateado e iba perdiendo un diente tras otro, y perdió hasta la dentadura postiza. Baranowicz tenía que esperar menos cada vez, hasta que, al final, él era el único que iba a ver a Ickaterina. Ella comenzó a amarlo. Su anhelo ardía durante todo el año, el anhelo tardío de una novia tardía. Cada año era mayor su ternura, más fuerte su pasión, ya era una anciana; con la carne marchita gozó el primer amor de su vida.
Baranowicz le llevaba todos los años los mismos collares chinos y pequeñas flautas que él mismo tallaba, con las que imitaba las voces de los pájaros.

Joseph Roth. "Fuga sin fin". Traducción de Juan Luis Vermal. Ed. Acantilado.